Gaceta de Estética. Año 3, Número 48. Del 21 de Abril al 4 de Mayo de 2014. Distribución Gratuita.

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Primavera, de John Everett Millais

Primavera, de John Everett Millais

REFORMA DE LO BELLO EN LA ÓRBITA COPERNICANA

Si el movimiento de los astros superaba la inteligencia de los matemáticos, según la expresión atribuida a Plutarco y aún latente en tiempos de Nicolás Copérnico, para éste el problema de la ciencia era ínfimo al lado de las acrobacias literarias a las que debió recurrir para sortear la condena teocrática a sus ideas heliocéntricas. En efecto, De Revolutionibus Orbium Coelestium iba a remecer bastante menos la estratósfera que a los pares de este académico que ofició de canónigo durante tres décadas. “Con sobrada razón puedo pensar, Santísimo Padre, que, no bien se sepa que en estos libros escritos por mí, acerca de las revoluciones de las esferas del mundo, atribuyo al globo terrestre ciertos movimientos, inmediatamente algunos clamarán para que yo sea desaprobado junto con tal opinión”, escribe el autor en el prefacio, dirigido a Paulo III. Bajo esa estrategia, que admite como “atrevida” una propuesta “casi” contraria al “sentido común”, el pensador, en realidad, escribe consciente de que subvertir los pilares de la disciplina equivale a echar por tierra los fundamentos doctrinarios, y es en nombre de los últimos que arremete contra los primeros. Los que calculan, dice, “no utilizan los mismos principios, no parten de los mismos supuestos ni emplean las mismas demostraciones”. La alocución entraña una advertencia contra el hermetismo del que la autoridad eclesiástica quería desembarazarse, al menos discursivamente. Copérnico da un paso más y comenta al Pontífice que el hecho de que los pitagóricos no escribieran sus hallazgos no era por opción secretista, sino para evitar que cayeran en el desprecio de perezosos que “se encuentran entre los filósofos como los zánganos entre las abejas”.

Así, para poner a salvo “esta ciencia más divina que humana”, en la medida en que se ocupa de la profundidad de las alturas, invoca el principio unitario de la divinidad para sentenciar que el mundo es esférico porque “esta forma es la más perfecta de todas, al no necesitar de uniones en su integridad”. Luego, le basta seguir la ley aristotélica, abrazada por el tomismo en boga, en virtud de la cual el bien es aquello hacia lo cual todas las cosas tienden, para concluir que el movimiento de los cuerpos celestes es uniforme, circular y perpetuo. Por cierto, también la tradición platónica proclamaba la esfera como forma perfecta, pero la incursión copernicana no se conforma con introducir el movimiento; lo convierte en causa, de suerte que la silueta de los planetas ha sido creada por la respectiva órbita que describe su materia. De allí que su obra fuese elevada a la cumbre de la herejía; antes que por situar el centro en otra parte, como suele referirse, por circunscribirlo a una perfección esférica que tiene por causa un viaje infinito. La perfección, perceptible bajo la forma bella, se mueve: “¿qué podría ser más hermoso que el cielo, que contiene todas las formas hermosas?”. La perfección es imperfecta o, si se quiere, terrena.

UN NOMBRE SIN DESTINO

Me hubiera gustado tener un nombre intenso, que tuviera tono ante los demás, que no sea un maquillaje sino una revelación. Me hubiera gustado un nombre eslavo para mostrar mi ancestro. Mi nombre Pepita es como si me llamara Blanca y fuera negra, como si me llamara Linda y fuera fea. Nomen est omen (el nombre es destino). Yo no elegí el nombre de mi destino.

Si las cosas son como reza la expresión latina que Pepita Turina refiere a Juan Antonio Massone en el libro Pepita Turina o la Vida que nos Duele, desde luego su derrotero no fue precisamente integrar el panteón que consagra a los escritores chilenos del siglo XX, muchos de los cuales se buscaron otros apelativos que correspondieran de mejor manera a aquello a lo que quizás aspiraron. Todo en ella parece ocupar un lugar diminuto, desde el relego que sintiera desde niña como la última de doce hermanos, pasando por sus obras ignoradas, hasta el lugar que ocupara en sus Multidiálogos como moderadora de una larga conversación sin hilo conductor en torno a temas trascendentales, con escritores como Thomas Mann, Alejo Carpentier o Jorge Luis Borges, por nombrar algunos.

Poseedora, sin embargo, de un lenguaje intenso, su carácter aflora desde la palabra en opuesta dirección al destino signado por su nombre: “Estoy en la injusticia natural del universo o del planeta en que vivo. Así como un vegetal es gigantesco y otro pequeña hierba, así como entre los animales uno es león y otro hormiga, así como hay organismos invisibles que ni siquiera se alcanzan a ver con el microscopio, estoy en la injusticia natural de ser lo que soy”. Todas las experiencias golpean en Pepita, siente el mundo con tal intensidad que no cabe dentro de ella; traza en detalle el dolor, la frustración, el pasado “vasto y complejo, transido de olvidos o desconsuelos”. Describe tambiénlas secuelas de una operación que le impidió para siempre reír, lo que, en sus propias palabras, realizó “externamente su verdad más íntima”. Pepita nunca fue alegre y la risa le resultó siempre un esfuerzo. Jugarreta o no del destino, lo cierto es que en ella el carácter parece pesar más que el sino al que la confina el diminutivo con que se le conociera.

En su ensayo Carácter y Destino, Rafael Sánchez Ferlosio opone ambos términos para atribuir al último la ficción del argumento, es decir, la creación de un campo de sentido, de dirección o de destino con minúscula, como un pretexto para la manifestación del carácter, el que, empero, puede prescindir de aquél y seguir siendo perfectamente comprensible. Se es un personaje de carácter, donde dominaría la expresividad pura, o se es un personaje de destino, donde ocultos designios se entraman en una dirección ya definida. A fuerza de carácter, una mañana de marzo de 1986, Pepita Turina encontró un destino que no calzaba con el que insinuaba su nombre.

PUÑO Y LETRA: RAFAEL ALBERTI

Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!


Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.


Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme el agua.


Canción 8. Los versos integran el poemario Baladas y Canciones del Paraná, escrito entre 1953 y 1954, durante su exilio. Alberti había llegado a Buenos Aires gracias al pasaporte que le dio Pablo Neruda y, aunque el destino era Santiago, el poeta de la Generación del ’27 permaneció 24 años en Argentina.

La musa: Paz Contreras

La musa: Paz Contreras

Stanislas en la Ventana, de Edouard Boubat

Stanislas en la Ventana, de Edouard Boubat

LA EDUCADA ESTUPIDEZ

Eurínome, la diosa de todo lo que existe, dio una patada en la boca a Ofión cuando éste, tras enroscarse siete veces en torno al Huevo Cósmico hasta que se partiera, alardeó de ser el creador del Universo. La divinidad femenina había concebido sin ayuda, pero la vanagloria de su compañero, quien reclamó para sí la condición causal, desató la furia que dejó sin dientes al reptil olímpico, confinado desde entonces a las profundas tinieblas por obra de ese golpe que daba muerte a la voz de la paternidad.

De manera análoga, en la honda oscuridad del mar, la eclosión del huevo del pulpo coincide con el deceso de sus progenitores. Convertida la orfandad en requisito de su ser, dicha situación aporta también una pista fundamental para entender el excepcional grado de inteligencia que caracteriza a este carnívoro: dueño de un sistema nervioso cuyas dos terceras partes están en el cerebro mayor, al que hay que añadir los dispuestos para cada uno de los tentáculos, este invertebrado no es, por tanto, depositario de un acervo de transmisión generacional, de modo que debe aprender por cuenta propia lo que le hará falta para sobrevivir. A salvo, así, de una arquitectura educativa como la que hoy limita las posibilidades creadoras del hombre y las relega a un rito circular de culto a la estupidez aunque se haya nacido sin ésta, el octópodo desarrolla sus procesos de intelección a partir de una estrategia imitadora de alto vuelo, pues, más que emular el catálogo de seres constitutivos del paisaje, despliega una operación cuyas bases apelan a las relaciones sociales allí producidas. Como tantos, puede camuflarse a un nivel que humillaría la vanidosa pretensión hiperrealista del arte, pero su mímesis excede el cuadro y se instala en el horizonte cinético, porque el animal salido del huevo simula la conducta de quienes le circundan. Antológico es, a ese respecto, el caso del Thaumoctopus mimicus, que asume la apariencia y la actitud de un gusano para atrapar a sus presas y, a la vez, representa a la perfección a una quincena de especies para evadir o ahuyentar a sus depredadores. Revirtiendo el camino de Ofión, el pulpo da un giro al Cosmos y desenrosca la tapa de los tarros de comida, resolviendo una infinidad de problemas sin acudir al cientificista principio causal ni a la inmaculada luz olímpica, restituyendo al reptil que había tras el dios o, para decirlo en otros términos, agregando a la séptima vuelta dada al huevo un octavo tentáculo, cuyo ínclito cerebro desdibuja el supuesto divorcio entre tiniebla y cielo, entre acción y pensamiento, débil fundamento de la educación, promovida por quienes plagiaron a Eurínome para ser dueños de todo lo que existe mientras nadie les patee la boca o, siguiendo la huérfana epistemología de la dramaturgia submarina, anticipe hasta la hora del nacimiento su fértil inclinación edípica.

DEL VERSÍCULO AL VERSO, DEL SACRIFICIO AL EDIFICIO


 

Padre, aparta de mí este cáliz”, es la invocación que El Evangelio Según San Marcos atribuye a Jesucristo cuando, en el Huerto de los Olivos, duda de la utilidad de su sacrificio. La expresión ya había sido parafraseada, en 1939, por el poeta peruano César Vallejo al titular su poemario España, Aparta de mí este Cáliz y resignificada por Nikos Kazantzakis, en 1951, en La Última Tentación de Cristo; sin embargo, en la voz del cantautor fluminense Francisco Buarque de Hollanda, la misma adquiere matices de camuflaje. Sirviéndose de la homofonía que en portugués hay entre los vocablos ‘cálice’ (cáliz) y ‘cale-se’ (cállese), la introduce en la canción titulada precisamente Cálice, con el único fin de deslizar un grito de protesta contra la censura de que era objeto el pueblo brasileño bajo la dictadura militar iniciada en 1964, pero lo hace travistiéndola de pasaje bíblico. Esa composición de 1973, producto de una labor conjunta con Gilberto Gil, es una de las varias semblanzas que el músico, uno de los más destacados letristas de Brasil y deudor del bossa nova, ha hecho de las gentes de su pueblo. La canción, no obstante, no logró evadir a sus censores y fue prohibida, pues sólo su estribillo se amparaba en la polisemia de su título; el texto de sus estrofas, en cambio, era una abierta crítica al sistema.

Otra creación en la que tanto algunas sentencias religiosas como las particularidades de la lengua lusitana y sus alcances semánticos, se constituyen en cincel del artista y le ayudan, cómplices, a sortear el devenir político de su país, es Construção, parte de la placa homónima presentada en 1971. Respetando con sumo cuidado la métrica, Chico reescribe la historia del obrero que presenta en la primera estrofa, intercambiando las palabras que cierran cada uno de sus versos tridecasílabos, una forma de arte mayor poco frecuente en lenguas romances, con lo que genera una segunda versión del relato, y aun una tercera; todas, no obstante, acuarelas de la desazón, de una vida que se estrella contra el pavimento, pero también contra el desdén de un mundo en el que no tiene cabida. Así, “seus olhos embotados de cimento e lágrima” muda a “seus olhos embotados de cimento e tráfego”; por su parte, “dançou e gargalhou como se ouvisse música” lo hace a “dançou e gargalhou como se fosse o próximo”. El remate en vocablos con acentuación esdrújula, ritmo quizá asociado a la ruidosa maquinaria de un Brasil que mecanizaba paulatinamente su industria, sumado al crescendo instrumental, sugiere una suerte de vértigo, eficaz transmisor de los matices de significado que contienen: lágrima, tráfico, náufrago, flácido, tímido, máquina, pájaro, alcohólico. Tras las tres estrofas, el artista carioca, quien además ha puesto el puño en la dramaturgia y la novela, acopla otra de sus composiciones, también de atendida métrica, Deus lhe Pague, calzando con abierta ironía este agradecimiento desde la fe con el retrato del obrero y su alienante dinámica por subsistir. Es Chico Buarque haciendo del discurso religioso y de ciertos atributos lingüísticos, herramientas de su lírica.